Tuesday, June 23, 2026
En el descenso a los infiernos
Thursday, June 18, 2026
La risa sobre las fosas o el teatro de la carroña
Tuesday, June 16, 2026
Las preparatorias patito de León, Guanajuato
Las escuelas de nivel medio superior que proliferan en casas habitación del centro de León, Guanajuato, parecen haber sido concebidas no para educar, sino para administrar una lenta agonía del pensamiento. Ocupan espacios que alguna vez albergaron una vida doméstica y los convierten en simulacros de escuela: corredores estrechos, habitaciones rebautizadas como aulas, patios donde la inteligencia bosteza bajo el peso de la rutina y la complacencia, cocheras convertidas en canchas o, si son techadas, en direcciones donde habitan "directores" sin licenciatura o con estudios en odontología o contaduría pública. Basura académica, en suma.
Allí no se enseña; se certifica. No se forma; se tramita. El conocimiento ha sido reemplazado por una burocracia del diploma. Cada escritorio parece un mostrador de oficina donde se sellan documentos para acreditar una competencia que jamás existió.
La mediocridad no aparece como un accidente sino como un principio organizador. Los profesores son reclutados con una ligereza alarmante, como si la enseñanza fuera un oficio menor que cualquiera pudiera desempeñar. Muchos llegan sin la formación intelectual necesaria, sin dominio de las disciplinas que imparten y, sobre todo, sin la convicción de que educar implica una responsabilidad pública. El resultado es una cadena de ignorancias que se reproduce a sí misma: quien apenas comprende transmite apenas comprensión.
Pero el problema no termina allí. Estas instituciones se convierten con frecuencia en refugio de estudiantes que buscan únicamente el certificado. No persiguen el conocimiento, sino el documento. No desean comprender un texto complejo, resolver un problema matemático o formular una explicación científica; desean atravesar el sistema con el mínimo esfuerzo posible. La lectura se reduce a una formalidad, las matemáticas a una molestia y las ciencias a un conjunto de palabras vacías que jamás llegan a convertirse en ideas.
Entonces surge una extraña representación educativa. Los alumnos fingen aprender. Los docentes fingen enseñar. Las autoridades fingen supervisar. Y al final todos reciben el premio de la simulación: un certificado que proclama competencias que rara vez pueden demostrarse.
Lo verdaderamente grave es que esta decadencia rebasa los muros de esas escuelas improvisadas. La democracia requiere ciudadanos capaces de leer críticamente, evaluar argumentos, distinguir evidencia de propaganda y comprender los problemas colectivos. Cuando una sociedad produce generaciones enteras incapaces de realizar esas tareas, debilita los fundamentos mismos de su vida pública.
De estas instituciones no egresan necesariamente ciudadanos preparados para participar en una deliberación democrática exigente. Con demasiada frecuencia egresan individuos acostumbrados a la apariencia antes que al conocimiento, al trámite antes que al mérito, al documento antes que a la capacidad. Son productos de una cultura donde la certificación sustituye a la educación y donde la forma devora el contenido.
Y así, en el interior de casas con arquitectura propia de "nuevos ricos", transformadas en escuelas, se consuma una silenciosa mutilación del espíritu. hay gritos y escándalos. No hay incendios ni derrumbes visibles. Hay algo más inquietante: la normalización de la ignorancia. Cada generación que atraviesa esos pasillos sin haber aprendido a leer con profundidad, a razonar con rigor o a comprender el mundo que la rodea representa una pérdida para la comunidad entera.
La tragedia no consiste únicamente en que esas escuelas sean mediocres. La tragedia consiste en que han logrado convertir la mediocridad en costumbre, y la costumbre, con el tiempo, adquiere la apariencia de la verdad.
Monday, June 15, 2026
El Mundial de fútbol y México en crisis
Friday, June 12, 2026
La fiesta y la herida
The brutal opening of the World Cup in Mexico
Wednesday, June 10, 2026
The Country of Unfinished Shadows: The World Cup in a Terrorist State called Mexico
At dusk, the streets begin to resemble a deck of cards shuffled by a distracted god. A shoe lies abandoned near a bus stop. A dog sleeps beneath a mural whose colors are fading into the dust. Somewhere, a mother waits for a phone call that never comes.
Mexico, in the imagination of tourists preparing for the World Cup, is a postcard pinned to a refrigerator door: beaches glowing in the sun, mariachi music floating through plazas, children kicking soccer balls beneath church towers. Yet another Mexico walks behind that postcard like a shadow. It moves silently through cemeteries, police reports, anonymous graves, and the faces on missing-person posters that flutter from telephone poles.
The shadow country keeps its own calendar. It counts time by disappearances.
One hundred thousand vanished souls and more—numbers so large they become impossible to imagine. Each number was once a voice asking what was for dinner, a hand reaching for a child, a face reflected in a mirror before leaving home one last time. The statistics march across newspaper pages, but the dead and missing do not live in statistics. They live in empty chairs.
A visitor arriving for a month of soccer may see crowds celebrating in the streets. He may hear drums, songs, and fireworks. He may believe that joy is the whole story. But joy and terror often occupy neighboring houses. One window is lit for a birthday party while the next remains dark because someone never returned.
The cartels appear in the national imagination like creatures from a medieval bestiary. They are whispered about in restaurants and taxis. They haunt highways at night. Their presence is felt even when they remain unseen. Around them grows a forest of rumors, accusations, denials, and fears. Many citizens believe that powerful interests, political actors, criminal organizations, and institutions have become entangled in ways that are difficult to untangle. Trust becomes a rare currency.
The result is a peculiar kind of weather.
People learn to read danger as sailors read clouds. They avoid certain roads. They avoid certain questions. They lower their voices. They memorize routes home. Every ordinary action acquires a second meaning. Every unexpected knock at the door becomes a small thunderclap.
The World Cup promises celebration. Television cameras will search for smiling faces. Stadium lights will transform the night into an artificial day. The world will watch athletes perform miracles with a ball. Yet beyond the bright rectangle of the field lies a landscape where many families continue searching for loved ones who disappeared years ago.
A nation is never one thing. Mexico is not merely violence, just as it is not merely beauty. It contains both. It contains extraordinary kindness and extraordinary suffering. But anyone who arrives believing only in the postcard risks misunderstanding the country before them.
The greatest tragedy is not simply the brutality itself. It is the normalization of brutality. When horror becomes routine, when disappearance becomes a familiar word, when grief becomes part of the architecture of daily life, something precious is lost. A society begins to carry fear the way old houses carry dust.
At night, the missing return in dreams.
They stand at the edge of a soccer field after the crowd has gone home. The stadium is silent. The lights are off. The wind moves scraps of paper across the grass. They wait for someone to call their names.
No one does.
And the darkness, patient as history, continues to grow.
