Jacobo Fijman ocupa un lugar singular en la literatura argentina del siglo XX. Su vida estuvo marcada por la migración, la pobreza, la música, la escritura, la experiencia religiosa y las internaciones psiquiátricas. Su obra, sin embargo, no puede explicarse únicamente a partir de esas circunstancias. Reducir su poesía a la biografía del poeta significaría dejar de lado aquello que la vuelve especialmente valiosa: su capacidad para transformar experiencias personales en una exploración del lenguaje, de la percepción y de la espiritualidad.
Fijman nació el 25 de enero de 1898 en Orhei, Besarabia, una región que entonces pertenecía al Imperio ruso y que actualmente forma parte de la República de Moldavia. En 1904 emigró con su familia a la Argentina. Durante su infancia y juventud vivió en distintos lugares del país antes de establecerse en Buenos Aires. Allí se interesó por la música y aprendió a tocar el violín. También realizó diversos trabajos y desarrolló una existencia caracterizada por los desplazamientos y la inestabilidad (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, s. f.; Cárcano, 2014).
Durante la década de 1920, Fijman comenzó a relacionarse con los círculos de la vanguardia porteña. Entró en contacto con escritores y artistas vinculados con la revista Martín Fierro, entre ellos Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo y Leopoldo Marechal. Su participación en este ambiente resulta significativa porque permite situarlo dentro de uno de los momentos de renovación más importantes de la literatura argentina. Sin embargo, Fijman nunca encajó completamente en las categorías de la vanguardia. Compartió con ella la voluntad de romper con las formas tradicionales, pero desarrolló una poesía mucho más concentrada en la experiencia interior, la percepción y la búsqueda espiritual (Cárcano, 2014).
Molino rojo: la percepción desatada
En 1926 apareció Molino rojo, su primer libro de poemas. La obra produjo una ruptura con los modos convencionales de representar la realidad. Fijman utiliza asociaciones inesperadas, imágenes fragmentadas, colores, sonidos y desplazamientos entre diferentes sentidos. El resultado es una poesía en la que los objetos cotidianos adquieren nuevas relaciones y el mundo parece organizarse de acuerdo con una lógica distinta.
La importancia de Molino rojo no reside únicamente en su carácter innovador. El libro plantea una pregunta fundamental para toda la obra posterior de Fijman: ¿qué ocurre cuando la percepción deja de obedecer las estructuras habituales? En sus poemas, la realidad no desaparece, sino que cambia de configuración. Las cosas continúan siendo reconocibles, pero aparecen sometidas a una nueva intensidad. La Biblioteca Nacional Mariano Moreno ha destacado la importancia de Molino rojo dentro de la renovación literaria argentina de la década de 1920 (Biblioteca Nacional Mariano Moreno, 2026).
En “Canto del cisne”, Fijman sitúa al poeta ante un camino asociado con la soledad y la altura. La expresión “el camino más alto y más desierto” concentra una contradicción decisiva: ascender significa también alejarse. La elevación espiritual no conduce a una comunidad confortable, sino a un territorio en el que el sujeto queda expuesto.
La palabra “demencia” aparece en este contexto no solamente como referencia a una condición clínica, sino como una posibilidad extrema de percepción. El poeta parece buscar una zona en la que el mundo pueda ser visto sin las convenciones que normalmente lo mantienen estable.
La poesía adquiere así una función física. No explica un estado interior: lo produce.
El poema puede entenderse como una rebelión contra el lenguaje domesticado. La palabra deja de ser un instrumento destinado a ordenar la experiencia y se convierte en una fuerza que la altera. El camino no se describe; se atraviesa. El desierto no funciona como simple paisaje; se convierte en condición de la voz.
En “Cópula”, esa soledad se transforma en expansión. El cuerpo entra en contacto con el paisaje y los sentidos comienzan a confundirse. El poema contiene una de las imágenes más significativas de Molino rojo: “¡Todas las aguas del silencio rompimos en la danza!” (Fijman, 1926/2005).
Aquí el cuerpo deja de ser un objeto observado y se convierte en centro de la experiencia. La danza no es solamente movimiento: es una forma de conocimiento. El sujeto intenta reunirse con el mundo mediante el tacto, el sonido, el color y el ritmo.
Cussen (2013) ha señalado la importancia de la sinestesia y del dinamismo en la poesía de Fijman. Los sentidos dejan de actuar por separado: el sonido puede adquirir color, el movimiento puede convertirse en música y el paisaje puede adquirir una dimensión corporal.
“Cópula” puede leerse como una tentativa de devolverle al cuerpo una fuerza anterior a las divisiones racionales. El lenguaje no quiere representar el deseo: quiere producirlo como movimiento. El poema no funciona como una ventana abierta sobre una escena, sino como una superficie que vibra.
El mundo parece recuperar, por un instante, un solo cuerpo.
Hecho de estampas: el mundo convertido en signo
En 1929 Fijman publicó Hecho de estampas. Con este libro adquirió mayor importancia la dimensión religiosa de su poesía. Las imágenes comenzaron a relacionarse con una búsqueda espiritual más definida. En 1930 Fijman recibió el bautismo católico. Su conversión no fue un episodio secundario de su biografía, sino un acontecimiento que tuvo consecuencias visibles en su obra posterior.
En “Poema II”, el paisaje aparece sometido a una transformación constante. Mares, puertos, campanas, cielos, árboles y pájaros forman un universo que ya no puede ser explicado mediante las reglas de la representación realista. Hacia el final aparece la imagen de los “corderos desfigurados” que reflejan estrellas en sus ojos (Fijman, 1929/2005).
La imagen contiene una tensión esencial de la poesía de Fijman: lo sagrado aparece, pero no lo hace bajo una forma estable. El cordero —una figura tradicionalmente asociada con Cristo y el sacrificio— está desfigurado. La revelación no llega limpia. Llega transformada.
En este momento el mundo empieza a funcionar como un sistema de signos. Las cosas parecen decir algo que no puede formularse directamente.
El cordero ya no es únicamente un animal.
La estrella ya no es únicamente una estrella.
La imagen se convierte en lenguaje.
Pero es un lenguaje anterior a la explicación.
Podría afirmarse que Fijman obliga a la palabra a comportarse como una visión. El lector recibe primero el impacto de la imagen y solamente después intenta reconstruir su sentido. El poema no entrega una interpretación preparada. Coloca al lector frente a una aparición.
“Poema VII” profundiza esta transformación. La noche adquiere una presencia casi material y la aparición de la luz modifica progresivamente el espacio. La oscuridad deja de ser simple ausencia de claridad y se convierte en una condición necesaria para la revelación.
La luz no funciona solamente como símbolo religioso. Penetra la experiencia corporal. La iluminación es una fuerza que atraviesa al sujeto.
La poesía mística de Fijman no describe una idea acerca de Dios. Intenta representar la transformación que produce la experiencia de lo divino.
El cuerpo recibe.
El cuerpo cambia.
El cuerpo se convierte en espacio de revelación.
Esta característica aproxima la poesía de Fijman a una concepción del lenguaje como acontecimiento. Artaud rechazaba un arte puramente intelectual porque buscaba recuperar una fuerza capaz de afectar físicamente al espectador. En Fijman, la palabra poética persigue algo semejante: que la imagen llegue al lector antes que la explicación.
La poesía se convierte entonces en una ceremonia de tránsito.
La oscuridad no desaparece de inmediato.
Es atravesada.
La luz no cancela la noche.
La transforma.
Estrella de la mañana: la visión
En 1931 apareció Estrella de la mañana, su último libro de poesía publicado en vida. La obra profundiza la dimensión religiosa que ya había aparecido en Hecho de estampas. Cristo, la luz, la revelación y las imágenes bíblicas ocupan un lugar central. Sin embargo, no se trata de una poesía religiosa convencional. La experiencia mística conserva el carácter intenso y visionario de sus primeros textos. La dimensión espiritual se presenta como una transformación de la percepción y como una búsqueda de conocimiento (Cussen, 2013; Cárcano, 2026).
En “Poema I”, la repetición de la palabra “desnudo” produce una progresiva eliminación de las capas que separan al sujeto del mundo (Fijman, 1931/2005). Los ojos, la carne, la tierra, el cielo, el día y la noche aparecen sometidos a un mismo proceso de despojamiento.
La palabra no agrega información.
Insiste.
Y al insistir cambia de naturaleza.
La repetición convierte el lenguaje en acción. Una palabra pronunciada una vez pertenece todavía al discurso; repetida hasta el límite, comienza a adquirir una dimensión ritual.
Aquí aparece una de las características más intensas de la poesía de Fijman: la voluntad de eliminar la distancia entre palabra y experiencia.
No se trata de explicar la desnudez.
Se trata de desnudar el lenguaje.
La poesía pierde progresivamente sus ornamentos y queda reducida a una serie de golpes verbales que buscan modificar la percepción.
La palabra repetida funciona casi como una percusión sobre el cuerpo. No comunica solamente; insiste, afecta y transforma. El poema se acerca a una ceremonia en la que el lector participa aunque no comprenda por completo aquello que está ocurriendo.
La visión no es una imagen contemplada desde lejos.
Es algo que sucede dentro del cuerpo.
En “Poema XXVI”, esa transformación alcanza una intensidad mayor. Aparecen ríos, fuego, agua, luz y corderos, pero las imágenes ya no obedecen a una representación naturalista. Las sustancias se mezclan y las categorías físicas pierden estabilidad. Una de las imágenes más poderosas presenta un “río oloroso de corderos” encendidos de luz y fuego (Fijman, 1931/2005).
El río deja de ser simplemente agua.
El cordero deja de ser solamente animal.
El fuego deja de ser solamente fuego.
Cada elemento invade al otro.
La imagen produce una realidad nueva.
Lindstrom (2016) ha relacionado este universo con el imaginario apocalíptico de la tradición bíblica. El río, los corderos, el fuego y la luz forman parte de una escenografía visionaria en la que los símbolos cristianos adquieren una configuración propia.
Pero Fijman no se limita a utilizar símbolos religiosos.
Los hace arder.
Los hace cambiar de estado.
Los introduce en una materia verbal donde ya no es posible separar completamente una cosa de otra.
Aquí la poesía alcanza una de sus formas más radicales. El lector no puede traducir inmediatamente la imagen a una proposición lógica. Tiene que permanecer dentro de ella.
Eso constituye una de las mayores fuerzas de Fijman.
La lógica discursiva se desarma.
Queda la intensidad.
Queda el choque de las imágenes.
Queda el cuerpo intentando soportar una realidad que ya no cabe en las categorías ordinarias.
La vida después de los libros
La vida de Fijman estuvo marcada paralelamente por dificultades económicas, problemas de salud mental e internaciones. En 1942 fue internado en el Hospicio de las Mercedes, donde permaneció durante gran parte del resto de su vida. Murió en Buenos Aires el 1 de diciembre de 1970.
Esta parte de su biografía ha influido profundamente en la manera en que se ha interpretado su obra. Durante mucho tiempo predominó la imagen de Fijman como “el poeta loco”, el escritor marginal que terminó sus días en una institución psiquiátrica. Aunque este aspecto forma parte de su historia, utilizarlo como explicación de toda su producción resulta insuficiente.
La propia historia de la recepción de Fijman demuestra el problema. Cárcano (2014) estudia cómo la condición marginal del escritor influyó en la circulación editorial de su poesía y en su progresiva incorporación al canon literario. La figura biográfica terminó adquiriendo tanta fuerza que, en ocasiones, llegó a ocultar la complejidad de los poemas.
La Biblioteca Nacional Mariano Moreno también ha contribuido a recuperar la dimensión literaria de Fijman mediante la conservación de primeras ediciones de sus libros y otros materiales vinculados con su trayectoria. Entre estos documentos se encuentran dibujos y manuscritos realizados durante sus años de internación (Biblioteca Nacional Mariano Moreno, 2026).
La producción de Fijman, además, no terminó con Estrella de la mañana. Después de 1931 continuó escribiendo, aunque una parte importante de esos textos quedó dispersa. Algunos fueron entregados a amigos y conocidos; otros permanecieron inéditos durante décadas. Esta circunstancia ha obligado a los investigadores a reconstruir una obra que no quedó organizada por el propio autor en un conjunto definitivo.
Arancet Ruda (2020) denomina “obra fuera de libro” a este conjunto de textos dispersos. La expresión resulta útil porque permite comprender que la producción posterior de Fijman no constituye simplemente un apéndice de sus tres libros conocidos, sino un corpus complejo que incluye poemas, cuentos y otros materiales. Su recuperación ha permitido ampliar considerablemente la imagen tradicional del poeta.
La existencia de estos manuscritos permite observar también al Fijman de las décadas posteriores a Estrella de la mañana. El Archivo Histórico de la Universidad del Salvador conserva manuscritos del poeta correspondientes, entre otros períodos, a la década de 1960. Estos documentos muestran que Fijman continuó escribiendo durante sus años de internación y que su actividad literaria no desapareció con su aislamiento institucional (Universidad del Salvador, s. f.).
Otro elemento relevante es la relación entre la identidad cultural de Fijman y su escritura. Nacido en una familia judía de origen europeo y convertido posteriormente al catolicismo, el poeta estuvo atravesado por diferentes tradiciones culturales y religiosas. Algunos estudios recientes han propuesto considerar esta condición como una clave para interpretar determinados aspectos de su poesía (Arancet Ruda, 2021, 2025).
Su posición resulta, en este sentido, particularmente compleja: inmigrante en la Argentina, judío de nacimiento y posteriormente católico, vinculado con la vanguardia pero alejado de sus principales grupos, escritor reconocido por algunos contemporáneos y al mismo tiempo relegado por el circuito editorial. La condición fronteriza puede servir para describir buena parte de estas tensiones.
También resulta significativo que Fijman haya sido poeta, músico y artista plástico. Los documentos conservados por instituciones como la Universidad del Salvador demuestran que su actividad creativa no se limitó a los libros publicados. Durante las décadas posteriores continuó produciendo textos y dibujos que hoy permiten estudiar otros aspectos de su universo artístico (Universidad del Salvador, s. f.).
Una poesía que no acepta encierro
Por todo ello, Fijman resulta difícil de clasificar. Se lo ha considerado poeta de vanguardia, escritor marginal, poeta místico, autor visionario y figura vinculada con el surrealismo. Cada una de estas categorías permite observar una dimensión de su producción, pero ninguna resulta suficiente.
Su poesía ocupa un espacio intermedio entre la experiencia cotidiana y la búsqueda de una realidad trascendente. El lenguaje intenta modificar la percepción antes que ofrecer una descripción ordenada del mundo. En Molino rojo, esto se manifiesta mediante la fragmentación y las asociaciones sensoriales; en Hecho de estampas, mediante una búsqueda espiritual cada vez más intensa; y en Estrella de la mañana, mediante una poesía de carácter místico y visionario (Cussen, 2013).
Quizá esa continuidad sea uno de los rasgos más importantes de su obra. Aunque cambien los temas y las referencias, permanece el deseo de alcanzar una experiencia que desborde las formas habituales de conocimiento. La poesía funciona como instrumento de exploración.
Por eso Fijman no debería ser recordado únicamente como un escritor que padeció la exclusión o que pasó sus últimos años internado. Esa perspectiva convierte su vida en una anécdota y su poesía en una consecuencia de la enfermedad. Una lectura más atenta permite invertir la relación: su vida proporciona un contexto imprescindible, pero su obra posee una autonomía estética y conceptual que merece ser estudiada por sí misma.
Más de medio siglo después de su muerte, Fijman continúa ocupando un lugar particular en la literatura argentina. Sus poemas siguen siendo objeto de investigaciones académicas, reediciones y estudios sobre la mística, la vanguardia, la marginalidad, la identidad cultural y las relaciones entre literatura y percepción.
Su importancia no depende de la leyenda construida alrededor de su figura. Depende de una obra que todavía plantea problemas difíciles y que no se deja encerrar fácilmente en una categoría.
Jacobo Fijman escribió desde los márgenes de varias tradiciones y terminó convirtiendo esa posición fronteriza en una de las características esenciales de su poesía. Su obra invita a reconsiderar la relación entre lenguaje, experiencia y conocimiento.
En Molino rojo, el mundo se descompone en sensaciones.
En Hecho de estampas, esas sensaciones comienzan a adquirir el peso de signos.
En Estrella de la mañana, los signos se transforman en visión.
El recorrido no es una simple evolución literaria. Es una transformación de la manera de mirar.
Primero está el cuerpo.
Después, el signo.
Finalmente, la visión.
Y entre los tres permanece la palabra, sometida a una presión que la obliga a abandonar su función cotidiana.
Fijman no quiso que el lenguaje describiera una realidad ya conocida.
Quiso llevarlo hasta el lugar en que la realidad comienza nuevamente a ser desconocida.
Esa es la razón por la que sus poemas continúan produciendo extrañeza. No porque pertenezcan a un pasado literario peculiar, sino porque todavía cuestionan la manera en que miramos, nombramos y ordenamos el mundo.
La poesía de Fijman no ofrece una salida sencilla.
Abre una puerta.
Y detrás de esa puerta no hay una explicación.
Hay otra forma de percibir.
Referencias
Arancet Ruda, M. A. (2001). Jacobo Fijman: Una poética de las huellas. Corregidor. https://www.cervantesvirtual.com/portales/escrituras_fronterizas_literatura_argentina/bibliografia/
Arancet Ruda, M. A. (2020). Fijman, obra fuera de libro. En J. Maristany, M. Oliveto, D. Pellegrino, & N. Redondo (Eds.), Literaturas de la Argentina y sus fronteras: Tensiones, disensos y convergencias (Tomo II). Teseo. https://www.teseopress.com/literaturasdelaargentina2/chapter/fijman-obra-fuera-de-libro/
Arancet Ruda, M. A. (2021). Fijman inédito editado en España y en la Argentina. Gramma, 32(67). https://bicyt.conicet.gov.ar/fichas/produccion/11948114
Arancet Ruda, M. A. (2025). Judeidad como clave de interpretación en la poética de Jacobo Fijman. Confabulaciones. Revista de Literaturas de la Argentina, 7(14). https://ojs.filo.unt.edu.ar/index.php/confabulaciones/article/view/378
Biblioteca Nacional Mariano Moreno. (2026). 1926–2026: A 100 años del año decisivo de la literatura argentina. https://bn.gob.ar/micrositios/admin_assets/issues/files/f847d2cd13637e4f588a6c4db975d0.pdf
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. (s. f.). Jacobo Fijman. En Escrituras fronterizas de la literatura argentina. https://www.cervantesvirtual.com/portales/escrituras_fronterizas_literatura_argentina/biografias/
Cárcano, E. (2013). Hecho de estampas o la noche oscura de Jacobo Fijman. III Congreso Internacional Cuestiones Críticas, Universidad Nacional de Rosario. https://bicyt.conicet.gov.ar/fichas/produccion/9841569
Cárcano, E. (2014). El camino más desierto: El canon y las ediciones de la poesía de Jacobo Fijman. Gramma, 25(52), 97–123. https://ri.conicet.gov.ar/bitstream/handle/11336/102821/CONICET_Digital_Nro.3b17caf6-5d30-47ff-9a27-f27a821ba741_A.pdf
Cárcano, E. (2026). Converso, místico, visionario: Para una caracterización del sujeto del imaginario poético de Jacobo Fijman y de sus lecturas. Revista de Literaturas Modernas, 56(1), 33–57. https://revistas.uncu.edu.ar/ojs3/index.php/literaturasmodernas/article/view/9424
Cussen, F. (2013). Sinestesia y dinamismo en la poesía mística de Jacobo Fijman. Boletín de Filología, 48(2), 35–58. https://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0716-58112013000200002&script=sci_arttext
Fijman, J. (2005). Obra poética (2 vols.). Del Dock. (Obras originales publicadas en 1926, 1929 y 1931).
Lindstrom, N. (2016). Estrella de la mañana de Jacobo Fijman: Poesía y apocalipsis. Perífrasis. Revista de Literatura, Teoría y Crítica, 7(13), 55–67. https://biblat.unam.mx/hevila/PerifrasisRevistadeliteraturateoriacritica/2016/vol7/no13/4.pdf
Universidad del Salvador. (s. f.). Manuscritos de Jacobo Fijman. Archivo Histórico de la Universidad del Salvador. https://archivohistorico.usal.edu.ar/index.php/hbkn-xphm-wsgn
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Open Library. (s. f.). Jacobo Fijman. https://openlibrary.org/authors/OL816895A/Fijman_Jacobo



